Debería ser un alivio

Y mientras yo escribo esto, tú estarás con ella. Y todo esto me duele. Me duele mucho. El mes de noviembre ha sido, otra vez, puñaladas de dolor. Dolor. Sabía que esto sería así. Lo sabía. Pero, en el fondo, creía que en algún momento todo volvería a ser como antes. Escuché las canciones prohibidas. Incluso aquellas que ya estaban olvidadas. Volví a buscarte. A buscarte por todas partes. Te habías ido (¿para qué volviste para volverte a marchar?). Lo sabía. Lo temía.

Ahí está. La forma más cobarde de marchar del todo. Después de tanto. Después de todo. Ahí, te vas. Con otra. Con ella. Me da igual quien sea. Duele igual. Duele tu huída. Te vas de mí, esta vez para siempre. Te has ido una y mil veces, pero nunca como esta.

Y en el fondo, entre tanta ansiedad, un descanso. Ahora ya sé que es el punto y final.

Duele. Duele más. Pero en el fondo es un alivio. Ya no volverás. No te atreverás.

Y de repente, me vuelvo a dar cuenta de todo lo tuyo que hay en mí. Frases absurdas. Expresiones. Recuerdos. Anécdotas. Viajes.

Y serás con ella como fuiste conmigo. Como cuando todo iba bien, como cuando aún no había por qué pelear. ¿También te cansarás de ella? ¿Ella de ti? Tal vez no. Tal vez esta vez todo te salga bien. No importa. Yo ya no estaré. Pero hay demasiado de ti en mí. Y no sé por donde empezar a borrarte. Todo lo nuestro. Lo que fue.

Todo eso… ya no está. Ya no estás. En el fondo, hace demasiado que no me ayudabas a nada más que a estar mal.

Esto debería ser un alivio. No quiero recordar. Ojala no hubieras existido en mi vida. Ni en las canciones que ya no puedo escuchar.

En el fondo debería ser un alivio… ya no volverás. Nunca más.

Duele. Duele, cada vez más.

Qué estúpida me siento. No sé por qué te creí. No sé por qué creí que esta vez todo sería real.

Duele. Duele, cada vez más.

Ojala fuera un alivio. Te fuiste y yo no sé por dónde buscar.

Esto es el punto y final.


noviembre

No puedo decirte nada. No tengo derecho. No puedo pedirte nada. Así que te vuelvo a escribir aquí. No me leerás, no sabrás quién soy. Al menos me desahogaré…

No quiero que vuelvas, pero no quiero que te vayas. No sé olvidar. No sé amar. Me he vuelto posesiva y rencorosa. Me estoy intentando quitar esta mochila llena de piedras. Estoy intentando olvidar todo lo que me enseñaron del amor romántico para amar en libertad. Quiero olvidar tantas cosas… quiero olvidarlas para seguir adelante. Adelante, mi camino. Sólo mi camino.

No quiero que vuelvas, pero no quiero que te vayas. Qué asco de amor. No te dejo ser libre y no me dejo caminar. Esto no debería ser así.

Pero hay algo que nunca entenderé: ¿por qué volviste para volverte a marchar? Me has dejado atrapada en una espiral de la que no sé salir.

Seguramente has vuelto a pasar página… y me sigo atascando en el mismo lugar. Este frío mes de noviembre que a ti te aleja y a mí no me deja caminar.

“A veces pienso que es un don olvidar”


Ausencia

Y, cuando vuelvas, acuérdate de recordarme que no me acustumbre a tu presencia.

Sé que volverás a marcharte.

Como ahora.

Como siempre.


contra la ley de la soledad

Parece que soy un buen remedio para la soledad. Sé dar consuelo, escuchar y alguna otra cosa más. ¿Qué más da? Estuvo bien mientras duró. Yo tampoco supe qué quería de ti. También estaba confusa. También hubo más de una noche que no pensaba en ti mientras estaba contigo. Quizás, también hubo algún momento en que creí en ti. En que esto podría ir a más. Un año dando vueltas sin sentido.

Soy un buen remedio para la soledad. Qué más da. Yo tampoco supe qué eras. Qué querías de ti. Aún no sé qué quiero de mí… ¿cómo voy a pensar en más?

Sin embargo, hubo un momento en el que quise más. Creo que fue cuando fui a buscarte. Y ya no estabas. Tu mente estaba lejos. En otro lugar. Quién sabe qué querías entonces. Qué querías de ti, qué querías de mí.

Aún guardo algunos pequeños recuerdos buenos. Un enero frío. Qué importa este noviembre… diciembre llegará.

Todo volverá a empezar.

¿Y quién está aquí cuando yo siento esta soledad? ¡Qué más da! Estoy yo, no quiero más.


Sonidos con sabores

Y de repente, ahí está: el recuerdo. Un recuerdo de colores, de sabores, de felicidad… de felicidad efímera. Se fue. Tristeza. Melancolía.

Noviembre es así… demasiada añoranza. Aquí, otra vez, en la soledad de este pueblo que me está haciendo ermitaña. Solitaria. Y te echo de menos aunque no te quiera. Será que echo en falta esa sensación de aquel comienzo, cuando aún confiaba… cuando aún no había miedo.

Aún recuerdo aquel cd que grabaste lleno de canciones llenas de cursilerías que nos hacían ponernos aún más empalagosamente enamorados. Parece mentira que hoy recordar cualquiera de esas canciones haga encenderme de recuerdos. De sabores, del olor de tu cuerpo. De lo bien que me sentía así.

Ya no te quiero. Echo de menos ese momento. Ese lugar. Sentirme así.

Sólo es una noche absurda. En realidad, ahora estoy bien. He crecido. He viajado. Me he hecho grande. Yo sola. Sin ti. He sido yo. No sé por qué vuelves a mí con estas canciones.

Por hoy apago la música. No me quiero sentir más frágil. Voy a aparte, a apagar tus recuerdos.

“En un mundo descomunal… siento mi fragilidad”


Voy a empezar a romperme

Seguramente, hoy te irás a dormir sin saber el día que será mañana. No recordarás el triste aniversario de lo que no es. ¿Para qué pensar en ello? ¿Para qué pensar en algo que sólo hace daño?

Para mí sigue siendo ese día gris de noviembre. Ese frío día de tu bufanda. Ya ves, recuerdo esas pequeñas cosas.

Tu gesto en la cara caminando hacia el río, tu cara distante, tu enfado contigo mismo. Y, en realidad, me hace más daño lo que vino después.

Qué mal hicimos todo.

¿Por qué volviste? ¿Por qué te dejé volver? ¿Para qué volviste para marcharte tantas veces? ¿Qué sentido tiene este amor sin remedio al que no dejamos romperse del todo?

Ya son más de las doce. Ya hace tres años. Pasa el tiempo demasiado rápido y lento a la vez. No he sabido dar carpetazo a todo el daño que me hiciste. No sé por qué empeñé todo para perdonarte… Hace ya tres años y te sigo recordando. Te has ido y venido tantas veces que ya no sé dónde estás. No me has dejado olvidarte, ni me has dejado avanzar.

Voy a dejarme de corrientes circulares en el tiempo. No quiero más de ti. Aunque este día me ponga triste. Aunque vuelvan esas ganas de llorar. Qué mal hicimos todo. Qué mal lo seguimos haciendo.

Ahora ya sólo espero que no vuelvas a buscarme. No quiero que me encuentres otra vez más.

 


Búsquedas

No sé cómo no me di cuenta de que desapareciste. Lo he intentado comprender muchas veces pero, en el fondo creía que volverías en algún momento. No me quise dar cuenta de que no era posible, de que ya no existías, que te habías muerto. No quise reconocerlo, era demasiado difícil para mí asumir eso. Fuiste lo mejor y lo peor, todo al mismo tempo. Y, ahora, solo queda lo peor. Lo bueno desapareció como si nunca hubiera sido real. Como si hubiera sido todo un sueño.

Los recuerdos y los sueños se parecen a veces demasiado en mi cabeza. Sí, es un error que tengo. Debería aprender que las cosas se marchan, que las cosas cambian y se diluyen, que todo no puede ser como yo espero.
Hace tiempo que te marchaste, que yo ya no soy nadie en tu vida. Tú aprendiste a estar sin mí y a ser capaz de ser otro conmigo. Yo aprendí a seguir adelante pensando que, en algún momento, volverías. Sin darme cuenta de que habías muerto. Desaparecido por completo.

El resto de tu vida, a veces, me parece que sigue intacta. Que sólo para mí has muerto. Y, sin embargo, no consigo que muera mi parte de ti. Es complicado hacerte desaparecer… a pesar del tiempo que llevo intentándolo. El mismo tiempo que he estado intentando que vuelvas. Así soy yo, así son mis contradicciones. Así son los sueños y los recuerdos.

Por eso nunca sé decirte si me voy o me quedo… Hasta que al final me deje vivir y deje morir tranquilo a tu yo, ese que sólo yo conocí y que sólo yo pierdo. Ese que ya mataste hace tiempo y que, sin saber por qué, en alguna parte de mí sigue viviendo.

Pero algún día me dejaré nacer y no dejaré que nadie más viva ahí. No quiero tener que volver a matar ninguna parte de mí.